jueves, 29 de enero de 2015

"Es una pregunta muy dificil"

“¿Qué pueden las mujeres aprender de los hombres?”

A pesar de los comentarios y las burlas en todas las redes sociales, considero que en efecto, sí es una pregunta muy difícil.

Nos hemos pasado generaciones concentrados en exaltar las facultades, virtudes y demás de la mujer; en mentalizar a los hombres que son ellos los que tienen que aprender de nosotras y  en escalar a como dé lugar posiciones en la vida para lograr SER COMO ELLOS.

Sí, ya no se trata de una cuestión de igualdad, de ir a la par; sino en una competencia a sangre fría para ocupar su lugar en la sociedad, olvidando a veces por completo que nosotras ya ocupamos uno (no menos importante).

Así que dar una respuesta coherente a esa pregunta con millones de ojos puestos en uno y en cuestión de minutos, no es en absoluto una tarea fácil. Desde el día de la emisión de Miss universo me la he pasado pensando y analizando muy profundamente la dichosa pregunta, y puedo afirmar con seguridad que no he sido la única.

¿Qué podemos nosotras aprender de ellos? Bueno, sin duda alguna mucho más que pagar la cuenta y  orinar paradas.  Es una cuestión de esencia.

Desde los principios de los tiempos, han sido ellos los que han tomado la determinación de luchar, los que han cargado sobre su espalda el peso de un hogar, los que se han llenado de fortaleza donde no la hay para proteger y tranquilizar al más débil y de romper muros para facilitarnos el acceso, para embellecernos el  camino. Son ellos los que a diario tienen que vivir con tabúes, y prejuicios inútiles por que la sociedad se ha levantado con miles de nociones que empiezan de la misma manera: “Los hombres NO… " no lloran, no temen, no se muestran débiles, no se quiebran ante nadie etc. O peor aun con expresiones  ofensivas y machistas como “eso no es pa´ varones” creando entonces la concepción de que si un hombre baila, diseña ropa, le demuestra su afecto a un amigo, viste de rosa, o juega con niñas, entre otras mil cosas, es entonces un “mani quebrado”, un “marica”, un “mariconcito” o una “loca”. ¿Serian ustedes capaces de vivir señaladas de tal manera por la sociedad, limitadas por tantos prejuicios? Nosotras podemos usar pantalón, dormir con amigas, jugar futbol,  tener el cabello corto, vestir de azul o del color que nos plazca y desempeñar actividades que ellos desempeñan sin que se vea anormal o sin que se nos diga nada (sí, gracias en gran parte a la lucha de miles de mujeres durante décadas). Así que sostener que no hay ni una sola cosa que aprender de ellos, no solo es una falta de respeto, sino de humildad.

Es a los hombres a los que les hemos aprendido a ser fuertes e indestructibles, es por ellos que hemos aprendido a construir y reconstruir el mundo que nos rodea, son ellos los que nos han sostenido en sus brazos y se han enfrentado a todo cuando el miedo y el peligro nos acechan, los que han estado detrás de nosotras para sostenernos en cada caída. Si, los hay perversos pero también bondadosos, amorosos y llenos de virtudes y aunque el ego les impida admitirlo, han sido ellos nuestro ejemplo a seguir.

Por lo tanto y dado el contexto, considero que la actual Miss universo no estaba tan alejada del todo al afirmar que deberíamos aprender de los hombres el concepto de la igualdad, porque sí que nos hace falta.

sábado, 24 de enero de 2015

ES NOVIO, NO SANTO GRIAL

Mujeres, una de las cosas que debemos tener en cuenta a la hora de tener una relación con alguien, es el hecho de que tal vez su chico sea el más lindo para usted, pero no para el resto de nosotras.

Sí, su novio puede significar un tesoro para usted pero para la mayoría de mujeres tan solo es un hombre común y corriente, así que no es necesario que custodie ese tesoro como si todas fuéramos al acecho por él (hay unas a las que solo les falta enterrarlo en algún lugar y dibujar un mapa). Se supone que es usted una mujer segura de sí misma y que si eligió estar con esa persona es porque también está segura de lo que él siente por usted ¿o me equivoco?

Hablando desde mi experiencia (y yo que he estado de ambos lados). Ustedes no se imaginan lo patéticas que se ven agarrándole la mano a su novio a la fuerza o jalándolos bruscamente cuando una mujer bonita pasa al lado o cuando es esa amiguita que ustedes odian y pretende saludarlo. O peor aun cuando se desbordan en besos apasionados y caricias innecesarias para marcar territorio hasta el punto en el que uno de verdad piensa que en cualquier momento van a levantar la pierna y orinar al tipo.

Se trata de una cuestión de inteligencia y astucia. Por ejemplo, si las amigas de su novio perciben su profundo odio y celos hacia ellas, entonces ellas con más intención van a tener gestos de cariño hacia él solo para hacerlas rabiar, porque niñas no pueden olvidar que ellos tal vez las amen a ustedes y sean su prioridad pero cuando las cosas acaben, las que seguirán apareciendo en las fotos con él son esas ‘amiguitas’. Así que bajen la guardia y antes que todo entiendan que para ellas no es fácil ceder a su amigo y compartir el tiempo que antes era de ellas y mucho menos confiar de buenas a primeras en que usted no le va a hacer daño y que si ustedes entran a la defensiva como gatas en celo solo van a empeorar las cosas. Traten de ser amables y confiables, gánense la confianza y el afecto de ellas que créanme, para él es importante. Si ven que es imposible y que definitivamente les hierve la sangre cuando las ven entonces disimulen, traten de no darles importancia con actos de celos ridículos que lo único que hacen es dejarlas mal paradas a ustedes y divertirlas a ellas.


Por último recuerden que si bien hay mujeres mucho más bonitas, ese hombre que tienen por novio las eligió a ustedes entre todas ellas. Eligió sus besos, sus abrazos, su compañía y su amor y eso es suficiente para que el resto entienda que es usted la que ocupa un lugar en su vida y en su corazón.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

RETAZOS


Estamos llenos de posibilidades, de sueños hechos y desechos, de besos reprimidos, de amores imposibles, de recuerdos con sabor a nostalgia, de rompecabezas incompletos, de miedos latentes.

Somos un cumulo de sin fin de sentimientos encontrados y no resueltos. Somos esa sonrisa que murió antes de nacer en nuestros labios,  ese beso que jamás dimos y ese ´te quiero´ que nos quemo el alma pero que nunca dijimos. Somos promesas incumplidas y esa vida que imaginamos junto a alguien que decidió partir, que ya no está; somos las lágrimas de quien herimos y  las que rodaron por nuestras mejillas en nombre de quien nos hirió. Somos lo que soñamos y lo que hacemos realidad. Somos la determinación de andar, de vivir.

Estamos hechos de pedazos rotos, de retazos. Venimos completos y nos desarmamos en el camino;  nos damos, nos entregamos por partes y cuando quedamos incompletos volvemos a crearnos con los trozos del pasado, de la experiencia, de quienes nos dieron todo y se fueron sin nada, de personas inciertas, de lo que ayer fue amor y hoy es olvido.

Somos una pieza imperfecta, abstracta, confusa. Lo somos todo sin serlo nada; todo al darnos completos y nada al quedar vacíos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Sin armaduras


No sé si esta vez me falta inspiración para escribir, o por el contrario me sobra. Tengo la mente en pleno tornado y si mis conocimientos no me fallan, no hay manera de frenar uno. Solo queda resguardarse, ver como se lleva todo a su paso, esperar a que pase y tratar de salir con vida
.
En algún momento entre un par de cafés, hablando de todo un poco, un buen amigo hizo alusión a que todos mis escritos están impregnados de mí y no porque sea yo quien los escriba, sino porque es mi manera de, entrelineas, hablarle al mundo de mí. Y sí...

Siempre he contado con la capacidad de decir las cosas que pienso tal y como las pienso, pero cuando se trata de las cosas que siento: mis anhelos, mis miedos, mis fracasos, mis sueños; cuando la cuestión es desnudar el alma ante otra persona, me quedo muda. Así que de manera sigilosa me escabullo entre las letras, los relatos y mi particular manera de describir la vida para mostrarme  plena, transparente, muy yo.

Hoy sin embargo no quiero disfrazar el asunto. Hoy solo quiero escribir para desatar nudos, para alivianar la carga, para descansar del mundo por un instante. Soy una persona tan complicada como sencilla; complicada para quien pretenda entenderme y sencilla para quien quiera vivirme. Me vuelvo fría, distante y me rodeo de barreras cuando alguien se acerca a mi vida, pero cuando me quito la armadura y quedo en mi estado más sincero y vulnerable, soy fogata, ternura, entrega, pasión y persistencia, y aunque la mayoría de veces parece no valer la pena, es esa mi versión predilecta.

Me gusta demostrar las cosas ya que decirlas no se me facilita tanto, me gustan los pequeños detalles y sorprender con ellos, me sonrojo con increíble facilidad, hago pucheros inconscientemente mas veces de las que quisiera, Me encanta mi sonrisa y por ende sonreír, lloro cuando me lastiman, callo y hago caras cuando me enojo y me decepciono cuando me mienten. Soy impaciente, ansiosa, malgeniada, no me peino y cuento con muchos más defectos.

Soy impulsiva, intuitiva y loca. No sé lo que es pensar las cosas 2 veces antes de hacerlas, si me nace, me prende, me motiva y  me hace sentir bien lo hago sin importar a donde voy a ir a parar, porque para mí ha sido más importante el camino que el lugar de llegada. Y no es que este bien, generalmente me lanzo, me dejo llevar por la corriente y al final del recorrido solo me espera una caída libre. Sin embargo en la vida estamos para aprender y seguramente siga siendo impulsiva pero tengo la firme intención de que la próxima vez que decida dejarme llevar, tendré conmigo un mapa, un plan de emergencia, un botiquín de primeros auxilios y que en vez de ir corriendo, iré a paso lento pero seguro.

Estoy llena de miedos, pero mucho más aun de sueños; tengo miedo a caer pero son más fuertes mis ganas de volar; me asusta amar y dejarme amar, pero sé que en algún momento valdrá la pena. Sé que me tropezare mil veces, pero cuento con la fuerza para levantarme y la disposición para aprender.

Me disculpo si esta vez no los conduje a nada, si no llegue a ninguna conclusión o si no les aporte algo valioso. La verdad esa era la intención.

martes, 21 de octubre de 2014

Feminista por conveniencia


Últimamente anda muy de moda indignarse y armar una revolución ante cualquier situación que ponga a la mujer en una posición diferente a la del hombre. Y está bien, comparto la idea de que la mujer tiene el derecho y el deber de salir al mundo a conseguir sus sueños por sí sola y no a estar condenada, por su condición de mujer, a ser una esclava de casa en vez de ‘ama’ para mantener contento a su señor marido.

Pero seamos realistas: se nos está yendo la mano. A riesgo de ser atacada por una horda de feministas indignadas, debo decir que hay cosas entre hombres y mujeres que deben quedarse como están.

Y es que alterar el orden natural de las cosas puede resultar muy poco conveniente para nosotras. Siempre he sido de las mujeres que cuando quiere algo hace lo imposible para conseguirlo, pero en cuestión de conquista prefiero quedarme con el coqueteo y dejarle a ellos el resto. Valoro y agradezco el esfuerzo que hacen ellos a la hora de armarse de valor y tener la iniciativa de acercarse a una mujer, en serio. Pocas veces he tomado las riendas (impulsada por esta onda feminista) para acercarme al niño que me gusta, y debo admitir que es una tarea desgastante que requiere de paciencia que no tengo y de la agilidad mental para saber cuándo parar porque ahí no hay nada, agilidad que uso mucho más de lo que debería cuando insistir no me parece la mejor opción. Por eso mejor me sigo remitiendo a las sonrisitas picaras, las miradas sostenidas y otros cuantos truquitos que tengo bajo la manga para incentivar a los hombres a que tomen la iniciativa. Tarea que le va mejor a ellos que a nosotras.

Por otro lado, aunque muchas lo nieguen y compartan imágenes en las redes dejando por sentado que son auto-suficientes, independientes y libres; aunque se llenen la boca sosteniendo que nos son ni serán jamás posesión de nadie (algo que comparto) no pueden negar que hay algo mágico y encantador en la expresión “eres mía”. Nos gusta sentir que somos sus niñas, en el mejor sentido y que nos protejan de todo, y no está mal mujeres. Así como no hay nada de malo en que el hombre por iniciativa propia sea quien nos invite a comer o al cine o que nos satisfagan nuestros antojos, de hecho me parece encantador, siempre y cuando no sean esas mujeres que piden, exigen y si no les dan se quejan, en pocas palabras, mujeres mantenidas. No, ellos también merecen  que uno como mujer  los sorprenda, los consienta  y les de gusto.

Que nos pasen su chaqueta cuando tenemos frío, que no den el asiento , que nos sedan el paso al cruzar la calle, que nos defiendan, que nos cuiden, que sean atentos, caballerosos, que sean fieles a esos pequeños detalles propios de un hombre y ustedes mujeres, no intenten desequilibrar la balanza, déjenlos ser. No confundan feminismo con desfachatez, saber cocinar no las va a condenar a la esclavitud, y coger una escoba de vez en cuando tampoco hace daño. Somos bellas por dentro, pero no está de más serlo por fuera, no sean descuidadas con ustedes mismas que arreglarse el cabello, depilarse las piernas (y demás)  y ponerse algo de loción no va a hacer que retrocedamos a los años 20 en cuanto al poder de la mujer. 

El poder femenino no está en arrinconar, juzgar y condenar a los hombres para ser superiores. Consiste en ser lo suficientemente inteligentes, astutas y humildes para ir a la par con ellos.

martes, 14 de octubre de 2014

MIS MEJORES AMIGAS

No sé ni cómo empezar a hablar de ellas, porque son tan complejas pero a la vez tan sencillas que me tomaría toda la tarde describir por lo menos solo a una.

Para empezar puedo decirles con toda seguridad que son un par de mujeres a las que Dios les quedó debiendo unos cuantos tornillos y un toque de sentido feminista, igual que a mí. No son tiernas, ni sutiles, ni mucho menos dóciles; son mujeres llenas de fuerza que suelen llevarse el mundo por delante en vez de dejar que el mundo se las lleve a ellas. Se las arreglan muy bien para que yo me sienta orgullosa de ellas todo el tiempo.

Hemos pasado por años de infinidad de locuras y anécdotas, han sido testigos de los momentos más importantes de mi vida y han hecho de ellos recuerdos que hoy en día nos matan de la risa. Son mis hermanas, mis compañeras de vida, mis confidentes y mi complemento. ¡Las amo!

A pesar de que estoy hablando de mis mejores amigas, sé que cuando muchas de ustedes lean esto van a sentir que estoy hablando de las suyas. Así que compartiré situaciones que son regla general en toda amistad entre mujeres.

FIN DE SEMANA

No creo que ninguna de las mujeres que este leyendo este articulo no sea de aquellas que un viernes por la noche antes de salir le envía una foto a su mejor amiga por whatsapp en frente del espejo para que evalué críticamente el atuendo y finalmente de su aprobación y si no la da, no le importa pasarse otra hora cambiándose de ropa y enviándole fotos hasta que diga: “te ves divina”.

EL TIPO QUE NOS GUSTA

Y ni hablar cuando se trata del tipo que nos gusta,  antes de mostrarles una foto de él, las preparamos psicológicamente ya sea con un “no están lindo, pero me encanta su actitud” o  “ya sé que no es mi tipo” o el que más utilizamos mis amigas y yo “se lo muestro pero no se ría”, y no importa si el tipo es feo, gordo, lindo, flaco, bajito o alto, después de reírse mucho lo único que le importa a una mejor amiga es que nos haga feliz y si no lo hace sacan del baúl los incontables defectos de él que se guardaron para ellas lo que duró la relación para que lo superemos rápido o bien para que nos burlemos un buen rato. Y lo logran.

“LO QUE ES CON ELLAS, ES CONMIGO”

Por otro lado, estoy segura que muchos hombres no entienden porque a las mujeres nos caen mal otras mujeres que probablemente no nos han hecho nada. Pues he aquí la razón: Por naturaleza, cuando una mujer le cae mal a nuestras mejores amigas, sea por la razón que sea, instantáneamente nos cae mal a nosotras también.  Tan así que si vemos que las miran mal, antes de que ellas reaccionen o se den cuenta, nosotras ya estamos matando con la mirada a la chica en cuestión y dando inicio a la tercera guerra mundial, porque “lo que es con ellas, es conmigo”

MI CASA SU CASA

A mi casa han entrado muchas amigas, que esperan muy juiciosas en la sala a que yo baje a atenderlas, que le dicen doña Luz Marina a mi mamá y que si tienen hambre o sed ruegan por dentro que a mí se me ocurra ofrecerles algo o que si les ofrezco por pena dicen “no tan bonita, gracias”. Mis mejores amigas en cambio lo único que les falta son las llaves de la casa (de hecho una de ellas no las tiene porque le dio pereza sacarle copia), ellas entran suben directamente a mi cuarto, descargan sus cosas en la cama, van y se tiran en la cama de mi mamá, la abrazan y le dicen con toda naturalidad “hola mamá”. Si tienen hambre me obligan a alimentarlas o bajan ellas mismas a buscar en las alacenas y en la nevera lo que se les antoje comer. Y cuando se quedan a dormir a pesar de ser una persona que odia el arrunchis, me toca con mucho amor ser su oso de peluche y aguantar que me abracen y me entrepiernen toda la noche.

PARA QUE PSICÓLOGO SI LAS TENGO A ELLAS

Y qué decir de las conversaciones con ellas. Raras veces hablamos de cosas que se suponen son tema de conversación entre mujeres. No, nosotras parecemos un grupo de hombres hablando en una taberna. No hay sutilezas, ni tabús, ni disfrazamos las cosas, decimos lo que pensamos y tal cual lo pensamos y cuando no lo hacemos simplemente nos leemos la mente y mágicamente adivinamos. Ellas son mis sexólogas de cabecera, mis psicólogas y hasta brujas y adivinas porque cuando mi sexto sentido me falla el de ellas trabaja el doble para mí.


A pesar de que la vida hoy en día nos envió por caminos diferentes, seguimos siendo tan amigas como hace 7 años, igual de locas, igual de atravesadas e igual de incondicionales y se con toda seguridad que seguirán estando firmes a mi lado en lo que me queda de vida al igual que yo para ellas.


…… Con amor para ustedes mis Bff 

martes, 23 de septiembre de 2014

¿Por qué me vine de Bogotá?

‘¿Y por qué te viniste de Bogotá?’

Puedo decir que esta pregunta la he escuchado unas diez veces al día desde que llegue de allá y  para salir rápidamente del paso respondo muy sensatamente: ‘Me mamé’. Sin embargo, toda la experiencia merece un artículo y ustedes una mejor respuesta.

Sin duda alguna hay experiencias que a pesar de ser toda una pesadilla son necesarias para la vida; eso fue para mí Bogotá.

Hace 22 años nací en una pequeña ciudad a la cual alguien por alguna razón que desconozco, decidió llamar Armenia. Un pueblito grande, con pocas avenidas, un clima cálido y donde si son varios, sale más barato montar en taxi que en bus. He pasado prácticamente toda mi vida caminando por las mismas calles, viendo las mismas casas, contemplando los mismos parques e interactuando con las mismas personas; de hecho, me cruzo muy seguido con mis compañeritos de kínder, cosa que acá es normal.

Por lo menos una vez cada 6 meses entraba en crisis, ‘que por que Armenia es chiquita, que aquí todos se conocen con todos, que nunca hay nada interesante que hacer, nada nuevo por conocer’, etc. y  como a la vida le gusta enseñar a los golpes, decidió un día que debía irme de acá. Después de llorar casi un mes, animada por los consejos de muchos y decidida a huirle a ciertos sentimientos, empaqué mi maleta y como quien no quiere la cosa me fui para Bogotá.

Lo que dura el vuelo de Armenia a Bogotá alcance a imaginarme toda una maravillosa vida allá. Pero resulta que cuando el avión aterriza uno debe aterrizar con él.

Bogotá, una selva de cemento, inmensa, fría y gris. Una ciudad mágica que arrastra a unos cuantos a sus seductores y maravillosos encantos y a otros, a su lado más oscuro y sin gracia. Para mi infortunio  fui parte del segundo grupo, fueron dos meses madrugando más que de costumbre, soportando fríos insoportables y combatiendo con más de una gripa; dos meses tratando de sobrevivir al transmilenio que, en mi concepto, es una puerta al infierno: gente empujando y arrastrando a otros sin piedad, personas insultando, otras quejándose, no faltaba el de la chucha, el morboso, el que no perdía oportunidad para rayar a la primera que se le hiciera al frente, el que codeaba,  el que se dormía parado, la señora con el coche, el que se desmayaba, el que escuchaba música sin audífonos, el par de borrachos que apenas iban para la casa; en fin, donde siga con la lista no solo no acabo hoy sino, que termino llorando de nuevo.

Vivir en Bogotá es acostumbrarse no solo al frio de la ciudad sino también de las personas. Es acostumbrarse a ver pocas sonrisas y a caminar en la calle sin tener tiempo de contemplar el panorama. Es vivir corriendo y aun así, llegar tarde a casa después de un trayecto de una o dos horas. Bogotá es una ciudad caprichosa y selectiva que se reserva el derecho de admisión y así lo hizo conmigo. Ni yo la quise a ella ni ella a mí

Nunca imagine que uno de los momentos más felices de mi vida hasta el momento iba a ser el domingo antepasado cuando el capitán dijo “bienvenidos a la ciudad de Armenia”. Me baje del avión con una sonrisa que me dejo doliendo los cachetes, me brillaban los ojos como si estuviera enamorada aun sin estarlo, y creo que nunca había dicho tantas veces  la frase “estoy feliz” como lo he hecho en el transcurso de estos días, de verdad lo estoy.

Sé muy bien que muchas personas tanto en Bogotá como acá, piensan que cometí un grave error, que desperdicie una gran oportunidad y que de fuerte no tengo ni las uñas. Sin embargo, pienso que es la mejor decisión que he tomado en mi vida y la más sensata.

¿Cómo no va a ser lo correcto elegir mi hogar; cómo va a estar mal elegir una ciudad, MI cuidad, llena de encanto y calor humano. Una ciudad donde se puede dar el lujo de ir caminando a casa y aun así llegar temprano. Donde la gente saluda al conductor del bus cuando se sube y  le agradece cuando se baja, donde es normal caminar en la calle y sonreírse entre desconocidos; cómo acostumbrarse a estar lejos de tanta calidad humana, de personas amables, entradoras, dispuestas siempre a ayudar; cómo acostumbrarse a comprar en una panadería donde no saben que es “la ñapa”, a vivir en un lugar donde el señor de la mazamorra nunca pasa y donde un perico es un café y no huevitos revueltos con cebolla y tomate; cómo no preferir el chocolate luker en aguapanela en lugar del chocolate rolo; cómo vivir en un lugar donde no hay puesto de arepas en cada esquina y en donde no se come frijoles por lo menos una vez a la semana; cómo negarme un café en Salento o en Circasia;  Cómo negarme el lujo de vivir a veinte minutos de la palma de cera y el paraíso que le rodea; Cómo renunciar a ver arboles y guaduales por doquier y negarme la maravillosa vista del nevado  con la luz del sol sobre él; cómo preferir un atardecer en medio de un paisaje de cemento a un atardecer Quindiano en medio de montañas e incontables tonalidades de verdes mientras el cielo se pinta de naranja. Díganme como vivir lejos de este pequeño regalo del cielo? ¿Cómo?

Por todo esto me vine de Bogotá.