jueves, 17 de septiembre de 2015

MI VIDA EN LA MALETA


Uno de los legados más valiosos y útiles que me dejó la mejor amiga de mi  mamá, “tía clau” como yo le digo, fue su modo de empacar maleta: En rollito y apretado para que todo quepa más, las chaquetas de ultimo extendidas, y encima los zapatos bien acomodados. Pero querida Tía, se te olvido enseñarme como empacar toda una vida.

Empaque primero mi ropa, solo lo que sé que me será útil. Hice algunos canjes con mi madre y me le quede con más de lo que le dejé. Con la técnica de mi tía Clau todo me cupo y supe que la primera maleta estaba lista; Luego en otra maleta empaque esos objetos que también me serán útiles en mi nuevo hogar: cajitas y estuches donde guardar mis cosas personales, mi tira violeta para colgar los bolsos, la lámpara de estrella que me dio mi abue, mis zapatos y el café y demás dulces que demandan ser llevados cuando se va a otro país. Supe entonces que ya podría cerrar esta segunda maleta. En el equipaje de mano empaque mis cosas de aseo y lo que necesitare durante el viaje, incluyendo mi cédula y pasaporte y supe también que la ultima maleta estaba lista.

Observe mi cuarto en busca de algo que me hiciera falta empacar y me di cuenta inmediatamente que debía mirar, no sólo en mi cuarto, sino en el de mi mamá, en el de mi hermana, en toda la casa, en las calles donde crecí, camine, reí y compartí;  en las casas de mis amigos, en los colegios donde estudié, en los parques donde corrí y me raspe las rodillas, en las casas de mis tíos, en las ciudades y casas donde viví (que son muchas), en los lugares donde me enamoré, en los bares donde lloré, en las universidades donde aprendí, en los salones de la Gran Colombia, en los andenes de la 14; también debía buscar en las sonrisas de mis amigos de toda la vida, en la alegría de mis amigos recientes, en la comprensión e infinita paciencia de esa amiga con don de madre (Dianis), en la locura de mis mejores amigas;  en los sabios consejos de mi abuelito, en los mimos de mi abuelita, en la alcahuetería y buen ejemplo de mis tíos, en la compinchería de mis hermanas y el juicio de mis hermanos, en el amor desmedido a esos primos que también son hermanos (mi santi y tatan), en la risa y ternura de mi Silvana, en los pucheros de mi Samuel, en el inmenso cariño de mi padrastro (mi papá Héctor), en los buenos deseos de esa familia lejana que no es para nada lejana; en el esfuerzo y perseverancia de mi padre y por encima de todo, en el infinito, extenso y sagrado amor de mi madre, en sus brazos que abrigan, en sus manos que curan, en su valentía y carácter, en sus consejos de oro, en su inagotable fuente de apoyo, en su inquebrantable fe en mi, en la amistad que me brinda, en la locura que comparte conmigo, y en cada rincón de su ser (te amo mamá)

Bastante ¿no?, como ya no tenía más maletas me tocó empacar todo en el corazón, en lo más profundo y haciendo espacio para que todo cupiera, al parecer Dios previendo que esto iba a suceder me dotó con un corazón lo suficientemente grande para llevar toda mi vida en él y guardar espacio para todo lo que me falta.

Sin embargo comprendí que debía dejar el miedo para que cupieran mis sueños; que si empacaba los recuerdos que dolían no me cabrían las nuevas experiencias; que donde cabe el negativismo no hay lugar para lo positivo y que si no soltaba el pasado no habría lugar para mi futuro.

Así pues, que mañana sábado 19 de septiembre, viajaré con mis maletas llenas y el corazón con sobre cupo. ¿Mi destino? los brazos  de un hombre maravilloso que sé que me espera con ellos abiertos, no estaré sola. ¿Mi motivo de viaje? Una bendición y muchos sueños esperando volverse realidad. ¿Mi fecha de regreso? Serán incontables, porque este maravilloso país del que me siento tan orgullosa de pertenecer siempre será mi hogar, al igual que el hermoso país que ahora me recibe.

No siendo más, ¡hasta pronto y gracias!